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Efímero

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Hace tiempo que dejé de quererte. Y, aunque por una parte no era lo que pretendía, no podía obviar el sentimiento de abandono que deja el silencio, las palabras que no se dicen. Hace tiempo que comprendí que lo nuestro tenía que ser así, efímero, como los buenos momentos cuando eres feliz. Hace tiempo que ya no apareces en mi mente por las noches, abrigándome cuando hace frío, arropándome como una gran manta que genera calor. Hace tiempo que prometí olvidarte y me cuesta. Me cuesta incluso cuando he sido tan poco para ti y tú tanto para mí. Cuando conseguiste que perdiera la vergüenza y me lanzara a la vida con ilusión, sintiéndome libre. Hace tiempo que aprendí a no esperar nada de nadie. A aceptar lo que tuviera que pasar, aun si ello suponía quedarme sola. Hace tiempo que descubrí lo que valgo, aquello de lo que soy capaz. Y no quiero desperdiciarlo. Hace tiempo, y a penas un segundo, se detuvo el reloj. [Micro-relatos y algo más] Escrito por  Sara López ...

Acuarela

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¿Imaginas tener a alguien a quien poder abrazar? ¿Alguien que se alegre de verte? ¿Alguien a quien no le importe esperarte si con eso compartís el mismo aire? Yo, a veces, me lo planteo. Sentada frente a la ventana, mirando al infinito, con tantas cosas para dar y tan poca gente dispuesta a recibir. El café acaba por enfriarse, así como mis ganas por seguir intentándolo. Y es que incluso, después de tantas decepciones, aún siento ese escalofrío que recorre el cuerpo cuando conoces a alguien. Es cierto que no se vive mal estando soltero, que tienes tiempo para ti y para descubrirte. Pero seamos sinceros, a todos nos gusta sentir amor, sentirnos queridos. Saber que inspiramos ese sentimiento en alguien. Todos queremos enamorarnos locamente. Experimentar tantas cosas como nos sea posible. Vivir con emoción aquellos momentos compartidos. Congelar recuerdos para que perduren eternamente. Dejar nuestra huella en la tierra, y, por qué no, en alguien. O en muchos más. Nuestra feli...

Confidencias

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Cuando era pequeña no le daba importancia al hecho de que la gente tuviera o no aprecio por mí, pues sentía que, en mi entorno, al ser una niña, todo el mundo me quería. Con el paso de los años esa percepción cambió bruscamente. Los chicos me llamaban "fea" en el instituto, no dejaban de criticar mi aspecto. Y que fuera una 'friki' empollona no ayudaba en absoluto. Pero aún así pensaba que sería diferente cuando fuera mayor, cuando me desarrollase. ¡Qué equivocada estaba! En el centro donde hice bachiller era prácticamente invisible en ese aspecto. La gente sabía quién era pero no había ni un ápice de interés por su parte en conocerme. Siempre he sido una persona con grandes aficiones. Cuando hablaba con otras chicas éstas decían que, con mis gustos y mi forma de ser, seguro que le gustaba a los chicos. Que ojalá ellas pudieran tener eso para que les prestaran atención. Ni por asomo. Yo nunca he sido de esa clase de chica. Del tipo de chica en la q...

A veces, es mejor quedarse callado...

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Solía pensar que todos tenemos nuestro momento para dejar este mundo. Para juntar a nuestros seres queridos y decirles que, aunque los echaremos de menos, no deben estar tristes. Uno de esos momentos en los que asumes que tu fin está próximo y que no hay nada que puedas hacer para evitarlo.  Sentada en la sala de espera de la Unidad de cardiología veía a la gente pasar. Gente de muchas edades diferentes. ¿Estarían en la misma situación que yo? Eso no lo podía saber, ni siquiera observando sus rostros, pues el dolor nos transforma, y más aún el dolor ajeno. Nos da una lección de humanidad. Hay quien lo llama empatía. Yo solía llamarlo esencia. Incluso cuando crees que tu mundo se va a desvanecer, ocurre algo que evita que te eches a atrás. Casi como una reacción involuntaria de la vida que nos impide ser cobardes. A veces, es mejor quedarse callado, aun cuando reclamas a gritos que te escuchen. Pero no podía sospechar cuán traicionero era el destino. Éste te atrap...

Si tú supieras...

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Belfast, 24 de Octubre de 2013 Querido Rafa, Recibir tu carta fue, quizás, lo último que esperaba. Me sorprendió bastante que te acordaras de mí después de todo el tiempo que ha pasado. Nuestra relación se acabó por culpa de los dos, pues no supimos mantenernos como pareja. Seguíamos siendo esos amigos que compartían horas y horas de risas y confidencias para acabar sin conocerse a penas. Reconócelo, la magia se esfumó, ya no era lo mismo. Es triste asumirlo pero así no nos engañamos. Por otro lado, todas esas cosas que me dijiste son muy bonitas, incluso cuando se las lleva el tiempo. Nuestro amor tenía que ser pasajero. Fue maravilloso mientras duró, lo admito. Me encantaba estar contigo. Sabía que me amabas por cómo me mirabas. Esas miradas no se pueden fingir. Pero tuvimos nuestro momento y ahí se quedó. Desde que te vi en la firma de libros siempre me pregunté qué había sido de ti, cómo era tu vida. Si seguías haciendo lo que te gustaba, si seguías siendo...

Tú, mi Alicia

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Madrid, 5 de mayo de 2013 Querida Alicia, Soy Rafa. Sé que llevamos tiempo sin hablar pero nunca me he olvidado de ti. Estoy seguro de que todo te va bien, pues siempre fuiste una chica con suerte. Las cosas no son como las imaginaba. Cuando era pequeño y miraba al futuro, no esperaba que me fuera a ir tan mal. Es algo inevitable, supongo. Tampoco he hecho nada para evitarlo. Me dejé llevar por las circunstancias y aquí estoy. Me casé con Susana, la camarera del bar donde me dejaste. Coincidimos después y surgió. Aunque ninguna ha sido tan especial como tú. Me gustabas porque eras diferente a los demás. Eras espontánea e independiente, y vivías en tu propio mundo, un mundo creado por ti y exclusivamente para ti. Eso me encantaba. Me pasaba horas mirándote y jamás me aburría. Te vi una vez, hace unos años, mientras promocionabas tu libro. Tan pura y tan bella. Un ángel caído del cielo para iluminarme la vida. Leí en una revista que te habías casado con tu edi...

Siempre...

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Siempre quise saber cómo era tu sonrisa, cómo restabas importancia a los problemas tan sólo para ser feliz. Siempre quise saber cómo eran tus besos, cómo tus rosados y carnosos labios hacían soñar a cualquier hombre. Siempre quise saber cómo eran tus caricias, cómo tus suaves y delicadas manos se deslizaban despacio sobre la piel. Siempre soñé con tus ojos: aquellos ojos azules, profundos, enigmáticos, oceánicos. Siempre soñé con oír tu voz cada mañana: esa maravillosa voz, esa voz de ángel, como si estuviera continuamente en un sueño. Siempre soñé con hablarte, con decirte lo mucho que me atraías; lo mucho que me conmovían tu fuerza, tu personalidad, tu carisma. Siempre soñé con estar a tu lado: levantarme todos los días sintiéndote junto a mí, sumergidos en un amor duradero y auténtico. Siempre soñé con tocarte, con besarte, con cuidarte. Siempre deseé ser valiente: acercarme a ti y confesarte lo profunda y locamente enamorado que estaba. Es de esas veces que dejas algo para...