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Esmeralda

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  En aquel momento le vinieron miles de ideas a la cabeza. Quería hacer tantas cosas. Se acercaba la primavera y sólo podía pensar en el verde de los árboles, el intenso verde. Ese verde que respira vida a raudales. A pesar de llevar tiempo sin salir, aún era capaz de recordar el sonido de los pájaros mientras están en la época de cortejo, con todos sus llamativos colores. En el olor que desprenden las flores y, por supuesto, la sensación de libertad. Había oído de una tradición japonesa que consistía en salir a disfrutar de la naturaleza, de explotar los cinco sentidos y ser uno con el medio. Baños de bosque, lo llamaban. Ardía en deseos de experimentar algo así. Todo aquello la llevaba a un estado de calma absoluta. Dejar la mente en blanco y visualizar la belleza. Ella quería ese tipo de belleza; la ansiaba profundamente. A sus dieciséis años a penas la había vivido. Ni siquiera había podido salir a hacer ejercicio o a pasear sola por jardines. Nunca la dejaban sola. Lo únic...

Púrpura

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  Aquella mañana, Azahara salió dispuesta a comerse el mundo. Tenía una entrevista de trabajo y, en su interior, un montón de nervios. De hecho, estaba tan nerviosa que hasta había olvidado qué día era. Se dirigió a la oficina y se sentó en la sala. Miró a su alrededor y vio a más mujeres allí, todas de igual aspecto, con el mismo tipo de vestimenta. La pierna empezó a temblarle por el paso de las horas, por la ausencia de algún sonido de llamada, por el rugido de su estómago o el sudor de su frente.  Cuando la paciencia ya la desbordó y a penas había hecho amago de levantarse, se abrió la puerta; un hombre trajeado apareció y, sin ni siquiera saludar, le preguntó: << señorita, para ir acortando... ¿Tiene usted intención de quedarse embarazada de aquí a un año?>> Su cara era un poema. Le sonrió y se fue. En su mente aún resuenan esas palabras. Pensó << es increíble que, en pleno siglo XXI, pasen estas cosas>> .  (Taller de relato breve - tercer tra...

Níveo

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  <<Aquella mañana se sentía con ganas de vivir aventuras...>> Salgo de casa con el abrigo y una pequeña bolsa. Cuando llego al rellano, me encuentro con una multitud que grita escandalosamente, pero no soy capaz de entender lo que dicen. Me aproximo un poco y me percato de que ése no es el rellano de mi edificio. Recuerdo perfectamente las paredes de gotelé y los cuadros con temática propagandística, así como los buzones, de un caoba desconchado. El espejo con una esquina quebrada o la escalera a la que le faltaba un peldaño. También recuerdo un gran ventanal que daba a la calle, pero en su lugar, ahora, hay una interminable pared de mármol blanco. Su tacto es frío. Tras unos minutos, el griterío cesa y empieza una sucesión de murmullos armónicos y singulares que captan mi atención. Todo el mundo se queda mirándome. Sin duda alguna, yo no vivo allí. ¿Usted qué cree que significa, doctor? (Taller de relato breve - segundo trabajo) [Micro-relatos y algo más] Escrito por ...

Arrebol

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Maya era una de esas personas que deseas tener en tu vida. Tenía una energía tan intensa que te contagiaba casi de inmediato. Siempre solía verla con su pelo cobrizo recogido y aquellos ojos oceánicos delineados en un verde aguamarina. A veces, incluso pintaba sus labios en un fuerte bermellón, a conjunto con su personalidad cautivadora. Ni siquiera su leve tartamudeo conseguía que dejaras de mirarla; esa amplia sonrisa, describiendo cada detalle de su existencia, lograba hipnotizarte por completo. Maya era una de esas personas con las que podías contar, aun cuando su mundo se derrumbaba o las lágrimas brotaban cual corazón roto. En uno de sus últimos días me tomó de la mano y me confesó que tenía miedo de que los demás la olvidaran. Yo, con voz temblorosa, le prometí que eso jamás pasaría, pues su huella era tan profunda que, ni pasando mil años, conseguirían borrarla. No se puede olvidar a quién te ha cambiado la vida.  (Taller de relato breve - primer trabajo) [Micro-relatos y a...

Efímero

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Hace tiempo que dejé de quererte. Y, aunque por una parte no era lo que pretendía, no podía obviar el sentimiento de abandono que deja el silencio, las palabras que no se dicen. Hace tiempo que comprendí que lo nuestro tenía que ser así, efímero, como los buenos momentos cuando eres feliz. Hace tiempo que ya no apareces en mi mente por las noches, abrigándome cuando hace frío, arropándome como una gran manta que genera calor. Hace tiempo que prometí olvidarte y me cuesta. Me cuesta incluso cuando he sido tan poco para ti y tú tanto para mí. Cuando conseguiste que perdiera la vergüenza y me lanzara a la vida con ilusión, sintiéndome libre. Hace tiempo que aprendí a no esperar nada de nadie. A aceptar lo que tuviera que pasar, aun si ello suponía quedarme sola. Hace tiempo que descubrí lo que valgo, aquello de lo que soy capaz. Y no quiero desperdiciarlo. Hace tiempo, y a penas un segundo, se detuvo el reloj. [Micro-relatos y algo más] Escrito por  Sara López ...

Acuarela

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¿Imaginas tener a alguien a quien poder abrazar? ¿Alguien que se alegre de verte? ¿Alguien a quien no le importe esperarte si con eso compartís el mismo aire? Yo, a veces, me lo planteo. Sentada frente a la ventana, mirando al infinito, con tantas cosas para dar y tan poca gente dispuesta a recibir. El café acaba por enfriarse, así como mis ganas por seguir intentándolo. Y es que incluso, después de tantas decepciones, aún siento ese escalofrío que recorre el cuerpo cuando conoces a alguien. Es cierto que no se vive mal estando soltero, que tienes tiempo para ti y para descubrirte. Pero seamos sinceros, a todos nos gusta sentir amor, sentirnos queridos. Saber que inspiramos ese sentimiento en alguien. Todos queremos enamorarnos locamente. Experimentar tantas cosas como nos sea posible. Vivir con emoción aquellos momentos compartidos. Congelar recuerdos para que perduren eternamente. Dejar nuestra huella en la tierra, y, por qué no, en alguien. O en muchos más. Nuestra feli...

Confidencias

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Cuando era pequeña no le daba importancia al hecho de que la gente tuviera o no aprecio por mí, pues sentía que, en mi entorno, al ser una niña, todo el mundo me quería. Con el paso de los años esa percepción cambió bruscamente. Los chicos me llamaban "fea" en el instituto, no dejaban de criticar mi aspecto. Y que fuera una 'friki' empollona no ayudaba en absoluto. Pero aún así pensaba que sería diferente cuando fuera mayor, cuando me desarrollase. ¡Qué equivocada estaba! En el centro donde hice bachiller era prácticamente invisible en ese aspecto. La gente sabía quién era pero no había ni un ápice de interés por su parte en conocerme. Siempre he sido una persona con grandes aficiones. Cuando hablaba con otras chicas éstas decían que, con mis gustos y mi forma de ser, seguro que le gustaba a los chicos. Que ojalá ellas pudieran tener eso para que les prestaran atención. Ni por asomo. Yo nunca he sido de esa clase de chica. Del tipo de chica en la q...

A veces, es mejor quedarse callado...

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Solía pensar que todos tenemos nuestro momento para dejar este mundo. Para juntar a nuestros seres queridos y decirles que, aunque los echaremos de menos, no deben estar tristes. Uno de esos momentos en los que asumes que tu fin está próximo y que no hay nada que puedas hacer para evitarlo.  Sentada en la sala de espera de la Unidad de cardiología veía a la gente pasar. Gente de muchas edades diferentes. ¿Estarían en la misma situación que yo? Eso no lo podía saber, ni siquiera observando sus rostros, pues el dolor nos transforma, y más aún el dolor ajeno. Nos da una lección de humanidad. Hay quien lo llama empatía. Yo solía llamarlo esencia. Incluso cuando crees que tu mundo se va a desvanecer, ocurre algo que evita que te eches a atrás. Casi como una reacción involuntaria de la vida que nos impide ser cobardes. A veces, es mejor quedarse callado, aun cuando reclamas a gritos que te escuchen. Pero no podía sospechar cuán traicionero era el destino. Éste te atrap...

Si tú supieras...

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Belfast, 24 de Octubre de 2013 Querido Rafa, Recibir tu carta fue, quizás, lo último que esperaba. Me sorprendió bastante que te acordaras de mí después de todo el tiempo que ha pasado. Nuestra relación se acabó por culpa de los dos, pues no supimos mantenernos como pareja. Seguíamos siendo esos amigos que compartían horas y horas de risas y confidencias para acabar sin conocerse a penas. Reconócelo, la magia se esfumó, ya no era lo mismo. Es triste asumirlo pero así no nos engañamos. Por otro lado, todas esas cosas que me dijiste son muy bonitas, incluso cuando se las lleva el tiempo. Nuestro amor tenía que ser pasajero. Fue maravilloso mientras duró, lo admito. Me encantaba estar contigo. Sabía que me amabas por cómo me mirabas. Esas miradas no se pueden fingir. Pero tuvimos nuestro momento y ahí se quedó. Desde que te vi en la firma de libros siempre me pregunté qué había sido de ti, cómo era tu vida. Si seguías haciendo lo que te gustaba, si seguías siendo...

Tú, mi Alicia

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Madrid, 5 de mayo de 2013 Querida Alicia, Soy Rafa. Sé que llevamos tiempo sin hablar pero nunca me he olvidado de ti. Estoy seguro de que todo te va bien, pues siempre fuiste una chica con suerte. Las cosas no son como las imaginaba. Cuando era pequeño y miraba al futuro, no esperaba que me fuera a ir tan mal. Es algo inevitable, supongo. Tampoco he hecho nada para evitarlo. Me dejé llevar por las circunstancias y aquí estoy. Me casé con Susana, la camarera del bar donde me dejaste. Coincidimos después y surgió. Aunque ninguna ha sido tan especial como tú. Me gustabas porque eras diferente a los demás. Eras espontánea e independiente, y vivías en tu propio mundo, un mundo creado por ti y exclusivamente para ti. Eso me encantaba. Me pasaba horas mirándote y jamás me aburría. Te vi una vez, hace unos años, mientras promocionabas tu libro. Tan pura y tan bella. Un ángel caído del cielo para iluminarme la vida. Leí en una revista que te habías casado con tu edi...

Siempre...

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Siempre quise saber cómo era tu sonrisa, cómo restabas importancia a los problemas tan sólo para ser feliz. Siempre quise saber cómo eran tus besos, cómo tus rosados y carnosos labios hacían soñar a cualquier hombre. Siempre quise saber cómo eran tus caricias, cómo tus suaves y delicadas manos se deslizaban despacio sobre la piel. Siempre soñé con tus ojos: aquellos ojos azules, profundos, enigmáticos, oceánicos. Siempre soñé con oír tu voz cada mañana: esa maravillosa voz, esa voz de ángel, como si estuviera continuamente en un sueño. Siempre soñé con hablarte, con decirte lo mucho que me atraías; lo mucho que me conmovían tu fuerza, tu personalidad, tu carisma. Siempre soñé con estar a tu lado: levantarme todos los días sintiéndote junto a mí, sumergidos en un amor duradero y auténtico. Siempre soñé con tocarte, con besarte, con cuidarte. Siempre deseé ser valiente: acercarme a ti y confesarte lo profunda y locamente enamorado que estaba. Es de esas veces que dejas algo para...

Nunca es tarde para aprender...

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"Pensaba que amarte había sido lo más estúpido que había hecho, pero me equivoqué. Fue el odiarte, ya que gasté mi tiempo en alguien como tú. En alguien que no me merecía, que nunca me mereció. Fuiste el capítulo más humillante de mi vida. Tardé en darme cuenta, quizás demasiado. Aún así, tuve el valor de dejarte. Tuve el valor para huir de las garras de la soledad más inesperada. Me mentiste: me dijiste que era la única mujer en el mundo que sabía cómo eras. Sin embargo, tan sólo tuve que conocer a Marlene, Carol y Romuna para comprender lo mezquina que era tu alma. ¡Cuán ilusa fui! Tan inocente como una niña a la que acaban de regalar su primera bicicleta. Me utilizaste, como utilizas los platos al comer. Me ensuciaste. Me trastornaste. Fui tu marioneta, tu juguete. Y yo te quería. A lo mejor me lo busqué. Me busqué esta huella permanente en mi cara. Será mi castigo por confiar en quien no debía. Este parche será el mejor recuerdo de mi error. Pero no me impedirá ...

A ciegas

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El frío tacto del cinturón no la dejaba conciliar el sueño. Ni tampoco la intensidad con la que rodeaba su cuerpo, en aquella silla de la habitación a oscuras. [Micro-relatos y algo más] Escrito por Sara López . Att: SMB.

Señales en blanco y negro...

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No sé ni siquiera cómo empezar. Recuerdo que solía mirarme con deseo. Lo notaba, notaba sus ojos clavados en mí. Y me gustaba sentirme así. Es una de esas sensaciones que te describen y que siempre quieres vivir. Supongo que hay cosas que tienen un límite y después se acaban.  Los años han pasado tan rápido que apenas me ha dado tiempo a saborear la esencia de la vida. No hay vuelta atrás. Sólo queda mirar hacia delante. Aunque creas que es el final, siempre hay cosas que te sorprenden. Y su muerte fue una de ellas. Una de esas dagas que te cruzan el pecho y te dejan sin respiración. Una de esas noticias que nunca esperas. La sala era muy triste. Él no había sido así. Yo lo conocí en su mejor momento y sé, con total seguridad, que era un vividor. Su última mujer, quizás, no fue capaz de despertar esa parte de él que era tan característica. Dos hijas preciosas deja atrás. ¡Cómo desearía haber tenido esa vida con él! Me sentía una extraña, como si fuera la única que no ...

El sabor de una mirada

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Era de esas veces en que crees estar enamorado: el corazón te late rápida e intensamente, te ruborizas, te tiembla la voz … Así me sentí yo cuando la vi, aunque lo cierto es que no sabía por qué. Tenía algo que la hacía única. Y era realmente preciosa, con unos ojos azules, de un color intenso, profundo, tanto que podías perderte en ellos. Podías mirarla y sentir que viajabas lejos, muy lejos. Un día, mientras desayunaba, nuestras miradas se cruzaron y no sabía a ciencia cierta por qué no podíamos apartarla. Era como si estuviéramos en un ambiente que nos gustaba, que nos era agradable. Finalmente, sonrió y agachó la cabeza. Es muy difícil leer el alma de una persona tan sólo con una simple mirada, pero con ella era diferente, con ella sí podías. Jamás me había pasado eso, sentir que habías conectado con alguien sin ni siquiera conocerlo. Sin embargo, esa sensación cambió. Después de "nuestro momento de miradas compartidas", se levantó y se acercó a mí: -Me ll...

A veces...

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A veces miro el sol y su brillo me ciega A veces miro la luna y su brillo me ciega A veces te miro y otras me ciego A veces te miro y otras me muero A veces lloro y tu voz me consuela A veces río y tu voz me acalora A veces anhelo y tu voz me emociona A veces siento, y siento tanto, que tu voz me enamora. Escrito por SaraLópez . Att: SMB.

Mirando el mundo que es distinto si tú no estás dentro...

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Te perdí y creo que jamás podré perdonármelo. Yo te separé de mi lado y ahora ya es tarde.  Quiero pedirte perdón por no intentarlo. Por no saber mantenerte cerca y dejar que el tiempo se llevara la magia. Me da pena pensar en todo lo que hemos vivido. Fue tan bonito. Y supongo que me lo merezco. Sea lo que te depare la vida, seguro que estarás bien. Siempre has sido una persona fuerte y segura. Voy a echar de menos la vida a tu lado. Pero decir esto ahora no creo que sirva de mucho. Siempre serás la mujer de mi vida. Mucha suerte allá donde vayas. Escrito por SaraLópez . Att: SMB.

Un alma en pedazos...

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Cuando me paro a contemplar el mundo me doy cuenta de lo diferente que es. Llevo toda mi vida pensando en hacer las cosas bien y me olvidé de disfrutar. Y ahora me veo en un pozo tan hondo que tengo la sensación de que jamás saldré de él. Antes no le daba importancia a los chicos. Aunque alguno me gustara ni siquiera se me pasaba por la cabeza el acercarme y decírselo, pues sólo tenía hueco para los estudios y el deporte. Y siempre lo tuve en mente. Por eso nunca he tenido pareja y con los años las ocasiones se han ido desvaneciendo.  Y me da rabia que ahora las cosas estén así de mal, porque no hay chicos, pero los estudios me van mal y el deporte no es como había imaginado; tengo que perder diez kilos y aún no sé cómo. A veces siento envidia de los que no tienen nada. Cambiaría todos los bienes de mi vida sólo por un segundo de felicidad. Es injusto, todo el mundo tiene derecho a ser feliz. Sé que he hecho muchas cosas mal pero no creo que merezca esta sensación de v...

Solía mirar a la vida con los ojos de quien no teme morir...

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Solía mirar al cielo para saber de qué color era. Siempre me han dicho que era azul; pero no es cierto: ese día pude darme cuenta. Era de tantos colores y tan diferentes. Era único. Sin duda alguna, era el lugar más hermoso que jamás había visto.Un lugar que te invitaba a soñar, a volar, a explorar. Y te incitaba a querer vivirlo al máximo. Solía mirar al mar para ver cómo expresaba su carácter y si yo sería alguna vez tan fuerte como para no quebrarme por nada. A veces tan violento y otras tan suave. Tan bello y tan puro. Como un bebé que no sabe muy bien cómo actuar, pues ríe y llora con igual facilidad. Pero era bello, muy bello. Y hacía que no pudieras dejar de mirarlo. Te atrapaba en un ambiente de plena libertad. Y la libertad es un sentimiento que nunca podrán arrebatarnos. Solía mirar la lluvia como quien mira un libro, intentando encontrar algo con lo que pasar el rato y al mismo tiempo introducirse en una aventura inolvidable. Siempre he pensado que la lluvia era ...

Comprendí que la vida se dibuja débilmente en un papel mojado...

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No me había parado a pensar en todo lo que habíamos pasado juntos. Pero, mirando atrás, comprendí que había sido suficiente. Y, en cierto modo, me parecía bien. Aunque resulte triste reconocerlo, fue suficiente. Ahora no me arrepiento de ello. Una vez me dijiste que era especial, que nunca habías conocido a nadie como yo. Que era espontánea y que eso te encantaba. Y, por un momento, creí que eso bastaría para que nuestra relación perdurase, aunque sólo fuera por un breve espacio de tiempo. Pero, lamentablemente, no fue así. No pude mantenerte a mi lado. No fui capaz de convencerte de lo nuestro. Y me duele, porque me gustabas, me gustabas mucho. Cuando te vi con aquella chica, me di cuenta de que había perdido mi oportunidad, la oportunidad de recuperarte. Es cierto que, a veces, hay más de una oportunidad para conseguir lo que queremos, pero otras veces no. Y creo que aquella vez fue una de esas. Y, con todo el dolor de mi corazón, tuve que aceptarlo. Aceptar la idea de n...